Y mientras tanto tú, seguías siendo incapaz de mirarme.
Tus ojos, antes cercanos y que me solían ser tan familiares,
ahora no eran más que un triste espejismo de lo que quise que fuéramos.
Los mantenías alejados de mi vista,
me mantenías alejada de ti, sólo por si acaso.
ahora no eran más que un triste espejismo de lo que quise que fuéramos.
Los mantenías alejados de mi vista,
me mantenías alejada de ti, sólo por si acaso.
Tu voz me sonaba demasiado lejana, pero aun era capaz de oírla ahogarse en mi memoria,
se perdía como un susurro débil, se escondía entre mis gritos.
Te has convertido en un viento gélido y corrosivo que se extiende desde mi pecho hasta la punta de mis dedos, congelándome hasta sellar mis labios.
Sólo tú has conseguido dejarme sin palabras.
Hielas mis lágrimas,
que caen a mis pies haciéndose añicos como si fueran cristales.
Pero no quiero echarme la culpa porque no hay culpa que arregle todo esto.
Ahora soy ese tren que no regresa, sin rumbo.
Sin miedos, me salvaré yo sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario