El cielo se apagó para nosotros,
tus ojos eran un presagio de días peores,
los entornabas,
no querías que me diera cuenta.
Sabías que eras capaz de apagarme con tus propias manos,
me apresabas con tus labios y me hacías desear no salir de allí.
Y aunque a ratos lo intentaba, casi nunca conseguía escaparme.
y así cada día, tu seguías siendo tú.
y yo seguía intentando que fuéramos nosotros.
y así cada día, tu seguías siendo tú.
y yo seguía intentando que fuéramos nosotros.
