martes, 11 de junio de 2013



Cada una de sus palabras tenía un efecto debastador sobre mí, como si mi cuerpo fuera una torre de naipes y su voz el aire capaz de derrumbarla.Me fascinaban incluso cada uno de sus gestos, desde su perfecta sonrisa torcida hasta su forma de pestañear. Estando en el mismo lugar me resultaba imposible apartar mis ojos de su figura, como si hubiera alguna especie de campo magnético entre nosotros que me obligaba a permanecer cerca de mi imán. Que siempre había sido él.