Tenía la necesidad de echar a correr, mi mente se apresuraba
más que mis propios pasos y eso me ponía nerviosa, así que aceleré el paso
hasta que sentí que el aire quemaba en mis pulmones, quería arder, quería que mis pensamientos
ardieran.
Cuando giré la calle creí ver su silueta acercarse hasta mí,
estaba oscuro y la falta de luz me impedía ver bien sus facciones pero a pesar
de eso sabía que era él, lo sabía por como mi sangre se incendiaba cada vez que
estaba cerca. Sus ojos prendían fuego toda la calzada y pronto las llamas
llegaron a donde yo estaba. El
permanecía de pie, impasible, mirando en mi dirección, yo en cambio lo único
que intentaba era llegar hasta él como fuera, incluso a través del fuego. Cuando
estaba lo bastante cerca como para tocarle, alzó su mano y me acarició la mejilla, su tacto era distinto a otras veces, casi
invisible y sin efecto sobre mi piel. Cuando intenté retener su mano, su
silueta se esfumo como si su cuerpo fuera humo.
Mi propio incendio acabó consumiendole, al final acabó consumiendonos a
los dos.
