lunes, 24 de febrero de 2014

Me dejaste arder entre tus ruinas,
y cerraste los ojos para no verlo.
Aun así se que el humo de mis cenizas enrojeció tus ojos,
aun no te has alejado lo bastante
para escapar de todo el humo que generaste al quemar esta historia.
Así que corre, no vaya a ser que te salpique todo esto
nunca quisiste hacerte cargo de tus actos, y ahora ya es demasiado tarde.



viernes, 14 de febrero de 2014

14

No estoy huyendo de ti, hoy no.  No quiero seguir corriendo en dirección contraria a tu vida para siempre. El vacío de estas dos semanas teñía todo de otro color, pero yo que sé, puede que ni siquiera fuera culpa tuya. Puedo negarmelo todas las veces que quiera pero sigues ahí, en tu lugar reservado dentro de mí del que aun no te he conseguido sacar.  No siento que sea yo misma cuando intento escapar de ti, en cierta forma es como si escapara de mi misma.

domingo, 9 de febrero de 2014

Las cosas reales, las de verdad se van a tomar por culo, y en vez de hacer algo para evitarlo nos limitamos a quedarnos mirando como si nada, como si la cosa no fuera con nosotros. Todo es una mentira y la culpa es nuestra. Por conformanos, aguantamos lo que no queremos por miedo, porque estamos asustados de los demás y sobretodo de nosotros mismos, cuando lo que debería asustarnos es pensar en una decadencia que no acaba porque nadie está dispuesto a evitarlo.

sábado, 8 de febrero de 2014

El sonido de las campanas retumbaba en toda la calle, la oscuridad de la noche envolvía le tenue luz que me ofrecían las farolas, yo caminaba deprisa pero las sombras se empeñaban en alcanzarme. La lluvia repiqueteaba sobre las baldosas acompañando con su percusión al hilo musical improvisado de las campanadas. Tic-tac decían, el tiempo se estaba acabando. Yo eché a correr, a sabiendas de que nadie me estaba esperando.


martes, 4 de febrero de 2014

25_

Estaba ahí, mirándome desde sus ojos marrones pero como si no fuera capaz de verme.
Como si apenas lograra distinguirme entre el resto de personas del local.
La frialdad de su mirada acompañaba a la de mis manos, que repentinamente se habían congelado
a pesar de que segundos antes estaban bien, ahora no todo estaba bien, a penas era capaz de mantenerme de una sola pieza, como si la fuerza que ejercían sus ojos me hubiera arrebatado de un soplo toda la fortaleza y toda la paz, convirtiéndome en nada, que era en lo que me convertía cada vez que estaba delante. Conseguía todo eso, que dudara hasta de mi misma solo con mirarme. Simplemente estando allí.