El sonido de las campanas retumbaba en toda la calle, la oscuridad de la noche envolvía le tenue luz que me ofrecían las farolas, yo caminaba deprisa pero las sombras se empeñaban en alcanzarme. La lluvia repiqueteaba sobre las baldosas acompañando con su percusión al hilo musical improvisado de las campanadas. Tic-tac decían, el tiempo se estaba acabando. Yo eché a correr, a sabiendas de que nadie me estaba esperando.
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