martes, 4 de febrero de 2014

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Estaba ahí, mirándome desde sus ojos marrones pero como si no fuera capaz de verme.
Como si apenas lograra distinguirme entre el resto de personas del local.
La frialdad de su mirada acompañaba a la de mis manos, que repentinamente se habían congelado
a pesar de que segundos antes estaban bien, ahora no todo estaba bien, a penas era capaz de mantenerme de una sola pieza, como si la fuerza que ejercían sus ojos me hubiera arrebatado de un soplo toda la fortaleza y toda la paz, convirtiéndome en nada, que era en lo que me convertía cada vez que estaba delante. Conseguía todo eso, que dudara hasta de mi misma solo con mirarme. Simplemente estando allí.

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