Estabamos allí uno de pie frente al otro rodeados de un silencio que nos inundó de calma hasta que él me miró. Pude sentir como aplastaba mi fortaleza con la intensidad de su mirada. Entonces empecé a templar, y de repente todo a nuestro alrededor tembló conmigo. El suelo empezó a resquebrajarse tan deprisa que no nos dió tiempo a reaccionar antes de que se hiciera añicos bajo nuestros pies. Fue como si un terremoto acabara de producirse pero solo entre nosotros dos.
Así que Caímos.
Caímos con brusquedad contra esta nueva realidad que de momento desconocíamos. El se levantó primero y avanzó hasta mi posición para ayudarme a levantarme. Me tendió la mano y conseguí incorporarme a pesar de que aun seguía un poco aturdida por la caída. Una vez de pie, no pudimos evitar mirar a nuestro alrededor con una curiosidad tan palpable que se leía en nuestros ojos.
Esta realidad era increiblemente luminosa, llena de colores brillantes. Los colores eran tan vivídos que me deslumbraban. Pude ver que el pensaba lo mismo que yo por la mueca divertida que puso cuando entornó los ojos para mirar a su alrededor, tanta luz le cegaba.
Me quedé mirándole intentando leer su expresión, quise decirle algo entre una disculpa y una explicación que no alcanzó a salir de mis labios antes de el me callara.
Me besó con una suavidad que me desarmó por completo. Sentí como todo lo que había dentro de mí se desmoronaba. No habían pasado ni dos segundos cuando algo dentro de mí explotó. Antes de que pudiera darme cuenta todo aquello salió de mí y acabó esparcido por el suelo.
El se alejó con una expresión mucho más relajada que la mía y cogió aquella sustancia entre las manos. Era una especie de arena de color negro brillante. Era tan brillante que hipnotizaba.
Le miré las manos luchando por comprender como toda esa arena podía haber vivido dentro de mi. Me preguntaba cuanto tiempo llevaba allí y si quizás no volvería a sentirme igual sin aquella arena brillante dentro.
Él la intentó sujetar, se quedó mirándola fijamente buscando una explicación en su cabeza hasta que se le escurrió entre los dedos. Yo mientras tanto solo respiraba, mi respiración se había vuelto más profunda y relajada. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pude sentir que el aire inundaba mis pulmones de verdad. Así que simplemente disfruté de eso, disfruté de poder respirar.