Las luces de los coches adornaban la carretera haciéndola brillar entre destellos rojos y blancos, yo corría por la calzada intentando alcanzarlos aunque no lo conseguía, tu voz sonaba como un eco a través del ruido de los motores y las ruedas que besaban el asfalto con violencia. Veía tus ojos en las luces, como flashes pero tu no aparecías. Cuando abría los ojos no estabas, cuando los cerraba venías. Así que crucé la carretera, ésta vez con los ojos cerrados.
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