El aire que salía de su boca incendiaba las partes de mi cuerpo por las que iba pasando, sus suspiros eran como llamaradas cuando rozaban mi cuello, sus labios eran el mechero y sus besos quemaban más que el infierno, era increíble como acabamos convertidos en una hoguera a pesar del frío que corría por la habitación y del enorme bloque de hielo que había entre nosotros. Aun así sabia de sobra que el calor que desprendíamos cuando estabamos juntos jamás derretiría la distancia que había entre los dos.
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