En ese momento lo tuve claro, nunca había tenido elección porque nunca hubiera sido capaz de no elegirle a él. De ninguna de las formas, y en el fondo ya lo sabía. Luchaba contra mi misma porque sabía que estábamos condenados, que yo misma lo estaba.
Y aun así seguía prefiriendo ese infierno a cualquier otro, su infierno como prioridad entre cualquiera de mis opciones. Como si estuviera viendo el final del precipicio y aun así decidiera seguir corriendo,
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