Todo lo que habíamos construido con nuestras propias manos,
se desvanecía con el más suave de los suspiros.
Intenté retener cada una de nuestras piezas,
pero no fui capaz de sujetarlas, como si me hubieran arrebatado toda la fuerza y cualquier posibilidad.
Le miré a él pidiéndole ayuda con los ojos sin ser capaz de decir ni una palabra,
pero no se inmutó. Permanecía absorto mirando como caían las piezas desde arriba una a una y se estrellaban contra el suelo.
El impacto de aquellas partes de nosotros esparciéndose a nuestros pies iba a la misma vez resquebrajando nuestros recuerdos dentro de mi misma.
Miré hacia los lados buscando consuelo en alguna parte, pero fue un consuelo que no llegó nunca.
La frialdad de su mirada me hacía desaparecer cada vez más,
hasta que ni yo misma fui consciente de donde estaba.
Me alejé de nosotros, no quise seguir viéndonos caer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario