Te gritaba que me sacaras de allí, mi voz retumbaba cubriendo de escarcha las paredes de la habitación, pero a ti no parecía importarte. Simplemente permanecías sentado viendome chillar. Mis gritos no tenían ningún efecto sobre tu rostro, que se mantenía impasible pasaran las horas que pasaran. El tiempo dejaba de existir en aquella estancia, tu puerta estaba abierta pero mi jaula no tenía ni siquiera una ventana.
Sólo quería que me dejaras respirar, te lo pedí. Tu me dijiste que mi aliento era tuyo, y que mi respiración estaba sellada.
y Aunque tu si que tenías la opción de salir de allí, preferiste quedarte para mirarme, para ver como me congelaba con el aire gélido que desprendías de tus labios.
y Aunque tu si que tenías la opción de salir de allí, preferiste quedarte para mirarme, para ver como me congelaba con el aire gélido que desprendías de tus labios.

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